Blasfemia Perpetrada.

Blasfemia Perpetrada.

«Tal opinión se debía a lo que la gente pensaba de Reynard, ya desde su infancia, y que a su retorno se había reavivado. Justa o injustamente, su aspecto siempre le había granjeado el rechazo: era oscuro, de cabellos y barba de un negro azulado casi sobrenatural; sus ojos almendrados y brillantes le conferían un aire siniestro, perverso. Los supersticiosos atribuían sus ademanes melancólicos y taciturnos a prácticas nigrománticas. Incluso se lo acusaba de haber hecho un pacto con Satanás. Si bien eran vagas conjeturas, los rumores, aunque carentes de pruebas, terminan convirtiéndose en hechos. Quienes sospechaban de los diabólicos tratos de Reynard decían que aquellas dos gárgolas eran la prueba evidente. A menos que lo inspirara el Maligno, nadie podría ser capaz de plasmar semejante obra, que reflejase en la piedra el mal con tal perfección y detalle».

El escultor de gárgolas, Clark Ashton Smith.

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El saber de los espíritus del mal.

El saber de los espíritus del mal.

«—¡El demonio! —chilló la vieja beata.
—¿De modo que la tía Cloyse reconoce a su viejo amigo? —inquirió el viajero, poniéndosele enfrente y apoyándose en el palo retorcido.
—¡Ah, cómo no! ¿Pero efectivamente se trata de su señoría? —exclamó la buena mujer—. Sí, claro, y a imagen y semejanza de mi viejo compinche Goodman Brown, el abuelo del tonto que ahora lleva el nombre. Pero, ¿lo creería su señoría?, mi escoba desapareció como por ensalmo, sospecho que robada por esa bruja sin colgar de la tía Cory, y eso cuando además yo andaba toda ungida de jugo de cañarejo, y de cincoenrama, y de acónito…
—Majado todo con trigo menudo y con la grasa de un recién nacido —dijo la aparición del viejo Goodman Brown».

El joven Goodman Brown, Nathaniel Hawthorne.

Receta para atrapar a cualquiera.

Receta para atrapar a cualquiera.

• CITA CON EL SÉPTIMO ARTE •

El siete machos

Miguel M. Delgado
1951

🎬 🎥

—Este bebedizo vuelve tierno al más indiferente: Gordolobo, hierba del pollo, huesitos de tlacoache, uña de gato prieto, epazote, toloache y polvos de la Madre Celestina. Hierves todo, lo mezclas con tequila, y sea quien sea, te guardará amor eterno…
—¡Juega! ¿Cuántas copas le pongo?
—Nomás una, si le dieras más, no lo aguantarías.
—¡Ah chirrión! ¡Ay Soledad, hasta que vas a ser una Soledad muy bien acompañada! Hasta que se me hizo.

Soledad
Delia Magaña
Hierbera
Enriqueta Reza