¿En qué momento nos apartamos de la gente realmente importante de nuestras vidas?

¿En qué momento nos apartamos de la gente realmente importante de nuestras vidas?

«Un lugar amado por cierto: la parte inferior de mi cama adonde Miguel y yo nos escondíamos a jugar, cómplices y ajenos a la mirada de mis hermanos y de sus hermanas. Al principio se trataba de juegos inofensivos (contarnos historias de terror, pegar estampas en el álbum de estrellas de la televisión que coleccionábamos); después, esos otros juegos de la piel tan comunes en las historias privadas de las familias, que más allá de los tabúes y las prohibiciones tienen su origen en la pureza: dos cuerpos nuevos que se tocan y se descubren y se reconocen. Es que desde el principio de los tiempos, el placer siempre ha comenzado por el tacto. La piel que se incendia y cuyo goce es el más profundo de los saberes. Un saber que no nos abandonará jamás: aún puede quitarme el aliento el recuerdo de su miembro sonriendo en la comisura de mis nalgas».

Un deseo realizaro,
Ana Clavel.

«Ven a dormir conmigo: no haremos el amor. Él nos hará».¹

«Ven a dormir conmigo: no haremos el amor. Él nos hará».¹

«También le daba por asumir formas proteicas: pez, chupamirto, lobo, araña. Yo lo amaba en cada una de sus facetas y lo esperaba después de cada cambio. Mientras tanto, me derramaba en otros continentes, pero en cada travesía siempre lo buscaba a él. Me maravillaban sus artes metamórficas, su capacidad líquida para escurrirse entre las manos. Por supuesto, deseaba apresarlo, proclamar que ese hombre múltiple era sólo mío».

Boceto para después del Paraíso.

Ana Clavel.


¹Julio Cortázar.