Cernis qua vivis, qua moriere latet.

Cernis qua vivis, qua moriere latet.

«Ella sobrevino entonces trajeada de luto, de un luto copioso. Su color mestizo estaba apenas encerado por el miedo, por el contraste del tocado y el velo, por la decisión largamente pensada que traía a la audiencia. Tenía una tez a un tiempo olivácea y vítrea, con pequeñas excoriaciones más claras, como un maniquí que empieza a deteriorarse, y unos ojos que no la obligaban a mirar. Se sentó rectamente en una de las sillas de los vareadores y se mantuvo tiesa, con la pesantez ordinaria de los lienzos que la cubrían y el hierático paralelismo de sus dos piernas rígidas, hechas a profusión de carbonilla. El año y meses transcurridos desde la muerte de su hijo daban a ese luto una intención proselitista, y Basilio —que no la veía desde que fuera preso— sintió el efecto deliberadamente hostil de aquella indumenta y algo dentro de él se desalentó por lo que restaba del careo».

-El careo

Carlos Martínez Moreno.