Aún no nace…

Aún no nace…

«No lo crucificarían; en cambio, estarían al tanto de que Lucio permaneciera vivo la mayor cantidad de años posible. Ése era el único pensamiento de la gente, no querían cometer los mismos errores que los judíos cuando el hijo de Dios se había encarnado en otras tierras y en otra época. Todo era optimismo y armonía, resultado de la llegada del salvador, a pesar de los malos cultivos, la flaqueza del ganado, el pésimo clima que andaba entre días secos y otros lluviosos. Si bien algunos factores no ayudaban a la construcción del mundo semidivino, el pensamiento colectivo sostenía el optimismo extremo. Mario y Josa no tardaron en notar el comportamiento del pueblo, todo por la presentación pública de Lucio y el futuro bienestar de la humanidad. Fue cuando Mario decidió llevar un mensaje a la casa municipal y, haciendo uso del altavoz, pronunció las palabras que todos ansiaban:
—¡Mañana, cuatro de la tarde, desde el palco de esta casa municipal, será presentado el hijo de Dios!».

Nonato y Anónimo.

Joselo G. Ramos.

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