El veneno es veneno aunque venga en píldoras doradas.

El veneno es veneno aunque venga en píldoras doradas.

«No hay duda, sin embargo, de que el veneno que usaba era la estricnina. En uno de los hermosos anillos que tanto lo enorgullecían, y que le servían para ostentar el fino modelado de sus manos marfileñas, acostumbraba llevar cristales de la nux vomita india, un veneno –nos dice uno de sus biógrafos– ‘casi insípido, y capaz de una disolución casi infinita’. Sus asesinatos, dice De Quincey, fueron más de los que se dieron a conocer judicialmente».

Pluma, lápiz y veneno,
Oscar Wilde.