Minientrada

De título largo.

• MINIFICCIÓN •

Minotauro, o Yo también soy los clásicos, u Homenaje a Borges.

José de la Colina

Otra leyenda cuenta que el héroe, llegado al centro del laberinto, no encontró ningún minotauro y que durante años y más años dio vueltas y más vueltas y finalmente murió allí dentro, pues el Laberinto era sólo el otro nombre del Minotauro.

Color Premeditado.

Color Premeditado.

«Yo les he consentido a estos infelices que me alzaran la mano, porque lo que estoy buscando es un hombre. Andan por ahí unos bolaceros diciendo que en estos andurriales hay uno que tiene mentas de cuchillero , y de malo , y que le dicen el Pegador. Quiero encontrarlo pa que me enseñe a mi, que soy naides, lo que es un hombre de coraje y de vista».

El hombre de la esquina rosada.

Jorge Luis Borges.

El que justifica un mal que le han hecho.

El que justifica un mal que le han hecho.

«No puedo caminar por los arrabales en la soledad de la noche, sin pensar que ésta nos agracia porque suprime los ociosos detalles, como el recuerdo; no puedo lamentar la perdición de un amor o de una amistad sin meditar que sólo se pierde lo que realmente no se ha tenido».

Nueva refutación del tiempo.

Jorge Luis Borges.

Las personas que se ignoran están salvando al mundo.

Las personas que se ignoran están salvando al mundo.

«No hay en la tierra un ser humano capaz de declarar quién es, con certidumbre. Nadie sabe qué ha venido a hacer a este mundo, a qué corresponden sus actos, sus sentimientos, sus ideas, ni cuál es su nombre verdadero, su imperecedero Nombre en el registro de la Luz…».

El espejo de los enigmas.

Jorge Luis Borges.

El espacio más creativo del Universo.

El espacio más creativo del Universo.

«Sus ojos materiales dejaron de ver, no así los de su corazón. Anselmo Verdejo les contó a las enfermeras que durante su larga convalecencia había viajado hasta el cielo, y que allí, vestido con ropa de faena, había paseado por calles amplísimas cuyos adoquines eran todos de oro. También contó que había estado platicando con un arcángel llamado Ismael, rubio y de espléndidas alas blancas, quien le había prometido revelarle algún día el secreto de la pureza. Cuando la señora de Verdejo y sus tres hijos oyeron la historia, se miraron a los ojos largamente, lloraron en silencio, y dieron a Anselmo por un caso perdido. El bueno de Verdejo, de hecho, ni siquiera se acordaba de ellos».

El oro celeste.

Manuel Moyano.

Nacido en Córdoba, España. Obtuvo el premio Tigre Juan 2002 por El amigo de Kafka y el premio Tristana de Novela Fantástica de 2006 por La cortada del Diablo; sus relatos y microrrelatos han aparecido en numerosas antologías.